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lunes, 21 de febrero de 2022

La Isla del Tesoro

(Libro Flash 4)

Un oscuro marino (malencarado, pata de palo, ron y broma peligrosa), viene a parar a una apacible posada de la campiña inglesa para descansar de sus travesías, provocando una serie de visitas de personajes tabernarios y ruines a cual peor. Sabremos que ha dejado enterrado un botín en un lugar secreto, marcado en un mapa que solo Jim Hawkings, el mozo de la posada, va a conocer, por puro azar, tras la muerte del misterioso capitán Flint. Decide confiar su hallazgo a las autoridades, quienes fletan un barco hacia el Caribe, donde Jim se embarca como grumete con una tripulación infestada de piratas, que tratarán de arrebatarles el botín.

 

Así comienza La isla del tesoro, una novela de aventuras del siglo XIX cuyos exóticos ambientes trazan el recorrido vital de su autor, Robert Louis Stevenson, quien inicia el tópico del pirata con pata de palo que forma ya parte de nuestro imaginario cultural.

 



El Caribe y la América colonial es el entorno donde nos sitúa la novela, un mundo de mestizaje y libertad propios del pirata, figura del mundo anglosajón, equivalente al bandolero español. El pirata era un forajido del mar  cuyas pillerías estaban amparadas bajo una doble moral, dado que se repartía el botín con la corona británica. Un tunante de estos podía llegar a formar parte de la aristocracia como pasó con Francis Drake.

 

La travesía hacia el ansiado tesoro va a estar repleta de peligros, rodeados de bribones dispuestos a amotinarse a la mínima de cambio, manteniendo una intriga creciente. Pero a la misma vez y por contraste, la novela supone un canto a la libertad. Viajamos por los cálidos mares del Caribe, sintiendo con Jim Hawkings la brisa en la cubierta de La Hispaniola, respirando el aroma de la aventura. Una historia redonda donde no sobra ni falta nada. Bueno sí, acaso en este punto, John Silver no dejaría de pedirnos a voz en grito más ron para cantar, orgulloso, su tonada de viejo lobo de mar salvado de todos los naufragios de la vida.     
                                                                                        
                                                                                                    José Juan Martínez Bueso   

domingo, 5 de diciembre de 2021

Veinte mil leguas de viaje submarino

 (Libro flash 1)



Hay un entorno literario muy similar al que hemos vivido nosotros hace un tiempo, durante los meses de duro confinamiento (o más bien reclusión), a causa de la pandemia del virus, con el que podemos identificarnos y es el que relató Julio Verne en su novela Veinte mil leguas de viaje submarino. Accidentalmente, el profesor Aronax junto a su fiel mayordomo Conseil y el rudo arponero Ned Fland son rescatados del mar por unos marineros a bordo de una extraña embarcación submarina. Los tres personajes serán prisioneros a su libre albedrío confinados en la nave del capitán Nemo, a cuyo destino quedan subordinan sus propias vidas, encapsuladas en esta embarcación, una vida que se desarrolla a bordo del Nautilus,  verdadero palacio subacuático de metal y electricidad, reflejo de la exquisita educación del capitán Nemo, donde atesora diversas reliquias de la humanidad, no privándose de ningún lujo, de las ediciones más refinadas en su biblioteca y de los más delicados manjares y comodidades. Un submarino donde el profesor Aronax se entrega a la observación de la fauna submarina con verdadero deleite compartiendo sus impresiones con su anfitrión el capitán Nemo, un personaje aferrado al deseo de la desaparición y al vacío más atroz. Ya su propio nombre, Nemo, es una palabra latina que significa “Nadie”, declarando así esta voluntad de inexistencia, y en efecto, como si se tratara de un ermitaño, se aísla de cualquier contacto con la humanidad, de ahí que su vida transcurra surcando el fondo de los mares, que no tienen secretos para él.

Pero la razón de vivir sumergido en el Nautilus y renegar de la especie humana es todo un misterio. Pese a su carácter arisco tiene un buen corazón. Recogió a sus huéspedes de la muerte en alta mar. Se apiada de la gente humilde, con la que se identifica y les ayuda. Tras la impasible mirada del capitán Nemo se esconde un terrible drama. La sociedad le arrebató lo que más amaba en el mundo, tal vez una familia, el amor de una mujer, truncó su carrera de ingeniero … y le dejó sin ilusión alguna. El remordimiento que siente hacia la humanidad es tan enorme como los abismos que surca en su Nautilus, convirtiéndose este viaje a ninguna parte alrededor de los océanos desiertos del planeta, en un viaje al fondo del alma del capitán Nemo, un viaje al subconsciente mucho más lejos de cualquier lugar donde no existe el tiempo. Viaja más allá de la distancia, más allá de sí mismo, más allá de la vida.